4/2/24

Habitar lo blando de Marina Gryciuk

 


Ausencia/ presencia, conciencia y libertad

"Cuerpos dorados, brazos, anudada tibieza

olvidadndo la sombra ahora estremecida,

detenida, expectante, pronta para emerger".

veros de Idea Villariño, poesía Tarde




Marina Gryciuk trabaja a partir de los cuerpos, principalmente con textiles y esculturas de medios mixtos, la muestra Habitar lo blando destaca en su recorrido la línea, la curva, la esfera y la red.

Entre lo textil y la joyería, lo vestido y lo portado, la primer sala presenta una relación de Ausencia/ Presencia entre objetos donde no y fotos donde sí, está el cuerpo.





Esta alternancia nos desvela en palabras de Guy Brett  " las obras son instrumentos, los cuales, una vez usados directamente por alguien, se tornan en medios para enfatizar las sensaciones que esa persona tiene de estar viva, a medida que las vive".

Hay una activación del vacío, donde se vinculan: la tela, el aire, el cuerpo, la bijou, el color, la piel, el erotismo... Un " cinetismo del cuerpo", frase creada por Guy Brett para hablar de las obras de Lygia Clark y Helio Oiticica en 1968.






En la segunda gran sala lo artesanal tiene una dimensión cósmica, grandes esferas flotan cubiertas de pedrería. Lo artesanal, lo hecha a mano tiene su propio sistema.

La fotografía hace macro lo micro, exacerbando el detalle, la puntada cotidiana de la costurera se ve inmensa, mirada desde cerca, bajo la lente de la cámara de Gustavo Goñi.




A continuación, para avanzar hay que atravesar una escultura colgante que se estira hasta el piso en muchos y coloridos tentáculos.

Hay materiales reelaborados, en casi toda la muestra, atados, tejidos, bordados, esto habla de una red social que colaboró, participó y quizás se reencuentra con sus propias historias en algunas partes. Y de un esfuerzo de la artista por utilizar tanto como sea posible materiales y métodos reciclados, ecológicos y respetuosos con el medio ambiente.




Luego llegamos a la sala del Enredo, donde cada muñeca se acerca a alguien, aparecen las palabras, planos, números, frases como : "somos semillas", hablan de una identidad y una obra colectiva.

Después el video, donde el paisaje cercano de la pampa, entre cultivos, la obra se transforma vista a través de la tecnología, mediante diversos registros.



Arribados a la última sala, las obras son realmente sitios, donde se mezclan la tradición atemporal y la escultura contemporánea. Encontramos cestería junto a estructuras penetrables, que penden como orugas en algún momento de su metamorfosis, y se elevan sugiriendo refugios para habitar.

Otra vez importa el objeto, pero puede atraernos más aún como él es vivido.

Sumo más versos de Idea Villariño

"Cuerpos tendidos, cuerpos, 

sometidos, felices, concretos,

infinitos..."

Recuperar la noción de plenitud del cuerpo y, tomo de Lygia Pape, "la epidermización de una idea: o lo sensorial como forma de conocimiento y conciencia", son propuestas que se encuentran en estas obras, que son objeto - vestimenta y hábitat, tanto mutables como transformadoras y libres.


Texto Marcela Galuppo

Comentario sobre la muestra Habitar lo blando: Sistemas y rituales periféricos de Marina Gryciuk en el Museo de bellas Artes Juan B. Castagnino de Rosario.


Gurisada de Andre Yari Richetti

 




Hay algo eterno y sólido en las leyendas

"En la orilla quedamos, Abril, de los cielos y las aguas,

tan poco cielos y aguas

que ya no son cielo y aguas

sino pálidos y exaltados sentimientos".

del poema No podemos entrar, Abril de J.L. Ortiz


La muestra tiene su ritmo, su latir, está viva.

A veces miramos la fragilidad de un encuentro, y otras alguien nos mira, nos descubre.

Sobre los pastos, en el agua, sumergidos, mitad río, mitad cuerpo, asomándose para ser así, en partes , aparecen, niñas, niños, animales, pájaros y paisaje, todo eso en metamorfosis en las figuras que flotan dentro del tiempo infinito de la leyenda.

Me sorprende un niño azul recostado en la hierba, él es Jasy Yateré, duende de la siesta.

Él es quien cuida los pájaros y nos seduce desde su desnudez de eros del litoral, no nos mira, lo miramos, hablar, cantar, estar con sus aves.

Esas dos soledades, comparten su ser, Rodolfo Kusch diría su estar en el mundo, porque la filosofía aquí gravita y aún perdura en un aire denso, tan fuerte que moldea el barro.





Hay algo eterno y sólido en las leyendas. A pesar de que es solo un instante en el que se dejan ver, así fue de difícil que aparezca el tigre de Juan Darién. Horacio Quiroga hizo hablar a una víbora para tranquilizar a su madre, ella dijo - Nada temas, ve tranquila. Desde este momento tu hijo tiene forma humana; nunca lo reconocerán. Forma su corazón, enséñale a ser bueno como tú, y él no sabrá jamás que es un hombre - .Fue muy difícil sacar a Juan del refugio del amor de su madre.

Hoy, Juan está aquí en una pintura con su forma humana, tiene marcas sobre su piel, está sentado, tomando, reteniendo sus manos, con un alambrado detrás, que tiene algo de eco de una jaula.





Por eso estos seres nos confunden, porque nos dan señales de su variedad de especies.

Nadie duda que la niña es una boa, y me sigue con su mirada atenta a mis movimientos. Le dicen Curiyú.





Por suerte estamos al resguardo de estos seres. eso parece, Quizás luego, vivan conmigo como mi miedo al almohadón de plumas.

Me retienen los azules del cielo, son varios colores que le dan distancia, y nos regalan profundidad.

Así es que las pinturas son paisajes con mucho erotismo, historias entre prados y pesadillas,

"En la orilla quedamos, Abril, de tu luna líquida y profunda,

de tu luna sin fin,

al lado de los sauces oscuros sobre su largo, largo escalofrío, cortado de islas negras,

y de las sombras, las sombras?, que contra las canoas palpitan y gloglean..."

del poema No podemos entrar, Abril...de Juan L. Ortiz.


Texto y fotografías de Marcela Galuppo sobre la muestra Gurisada de Andre Yari Richetti en Subsuelo Galería de Arte , Rosario.

Escrito en la madera de Fabiana Imola

 



Rama sobre rama

              "Caes inmerso en una suerte de remolino de recuerdos 

                 sensoriales hacia un momento de placer siempre en

                 retroceso, un momento de reconocimiento total." 

                            de las Correspondencias de Baudelaire

 




Entonces pisas rama sobre rama, el ruido del quiebre y algo de barro, y cierta suave dulzura caramelo de la arena. O, miras como se estiran las sombras del sauce en la orilla del río que se las lleva puestas, y vuelven y vuelven a aparecer.

Es así como las obras de Fabiana Ímola extraen nuestros recuerdos, casi siempre placenteros de habitar las islas, río, humedales. Zona castigada por los intensos y constantes incendios de los últimos años. Son tiempos para pensar nuestra supervivencia.




Ella coloca en el centro de la muestra una rama enorme pulida hasta el extremo, que parece emanar una luz dorada, es un gran tronco que amenaza con sus puntas a quienes no sepan situarse en este paisaje.

En su serie de ramas, donde se destacan dos telas cayendo desde lo alto como una cascada, podría decirse que la naturaleza misma dibuja. " Dibuja porque lo que está vivo tiene la capacidad de guiar o ser guiado", escribe John Berger en Sobre los artistas.

Y entre los cruces de las líneas se generan espacios de color con contraste de verdes, naranjas, ocres...



E.H. Gombrich en su libro Ombres portées, Leur représentation dans l'art occidental, nos dice: "La representación de las sombras proyectadas ... es indisociable de los efectos de transparencia y reflejos, que son partes integrantes de la representación de la luz". 

Y me pregunto esos colores serán de las hojas, del fuego, de horas del día ... aparecen como agua entre ramas secas.



Y dejo para el final las pinturas sobre placas de madera, donde se destacan nudos, las articulaciones, las vetas, con formas curvas, donde adivino contornos de mujeres, bustos redondeados, remarcados y una idea de femenino que asocio a la fertilidad que es en definitiva lo que invoco ante esta serie de obras y variedad de materiales que tiene como sello la inspiración en el paisaje cercano y recorro como en un rito circular.

"en busca del secreto sensible del paisaje

que aun amándolo se le escapa, delgado.

Rama de sauce soy curvada sobre el río

en busca del sentido de la noche del agua".

del poema Rama de sauce de Juan L. ORTIZ

 

Texto Marcela Galuppo

 Comentario sobre la muestra Escrito en la madera de Fabiana Ímola en el Espacio Muticultural de la Fundación San Cristóbal, Rosario.


3/2/24

Un viento de follajes de Emiliano Bonfanti

 


Il cielo in una stanza 

                                                  Quando sei qui con me

                                    Questa stanza non ha piú pareti

                                                                       Ma alberi

                                                                   Alberi infiniti

                                                         letra de Gino Paoli


Miro cada panel como quien adivina las formas en las nubes.

Siempre algo aparece, el ave, el rostro, o solo un ojo, una boca. Podría estar horas así. Sugestiones inherentes. de pronto una catarata, una montaña al lado de una flor, un rosa parece ser una hora del día, ese momento cuando cae el sol. Un dejar hacer y un control circundante, que permite abrir la obra a las errancias de la línea.

Memorias de las cosas, pasando delante nuestro como estrellas fugaces.

El todo reúne ráfagas, remolinos y pausas de la pintura.

Un proceso creativo que se ordena y se desordena, con su ritmo interno.

Es la tormenta sobre el gesto del pintor.



Otra vez la mirada va del piso de damero al cielo en una estancia, y la arquitectura desaparece en una trampa detrás de la pintura de estos Paisajes quebrados.

Todo está a la vista en un mismo plano, en Rizoma, de Gilles Deleuze y Félix Guattari, hay una mención al "libro ideal que sería, aquel que lo distribuye todo en ese plan de exterioridad, en una sola página, en una misma playa: acontecimientos vividos, determinaciones históricas, conceptos pensados, individuos, grupos y formaciones sociales". 



Todo a la vista, para constantemente volver a ver cosas nuevas.

Entonces, el lugar empieza a ser el diseño del artista. Con sus aceleraciones y direcciones que no son medibles en un plano de la casa, sino que son tangenciales a los cuerpos, y como percepciones, sensaciones nuevas.

El artista lanza su gesto, según Barthes " la suma inagotable e indeterminada de razones, pulsiones, perezas que entornan el acto", y tenemos la oportunidad de llevarnos infinitas percepciones.

En el ojo de la tormenta se ve pasar todo alrededor.

Así sucede en Un viento de follajes de Emiliano Bonfanti.

No hay más paredes, ahora está la trama que vienen del y va hacia el sentimiento.




Texto y fotografías Marcela Galuppo

Comentario sobre la muestra Un viento de follajes de Emiliano Bonfanti en la Galería Gabelich Contemporáneo, Rosario.

https://www.youtube.com/watch?v=a6oX1ki_oBo




Goemetría Fantástica de Matías Najar


 Podría ser un sitio 


                       "Y al mismo tiempo tenía la sensación de que ese hueco,

                               esas nada, había  durado una eternidad. No, ni siquiera

                           tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado 

                                         a través de algo o recorrido distancias inmensas".

                                                         de La noche boca arriba de J.Cortázar

 

La ficción es ficción en la galería, pero afuera podría ser montaña.

Podría ser un sitio.

Aquel donde lo real parece irreal.

Como pasa en la noche boca arriba, cuento de Julio Cortázar, donde en un abrir y cerrar de ojos vamos de una posibilidad de tiempo y espacio a otra. Donde los dos caminos que recorre el protagonista se viven como una verdad hasta que se llega a una certeza.



Volviendo a la galería, hay varios volúmenes más pequeños, atrapados como semillas, a la espera de ser liberadas. Para por fin crecer desplegándose como titanes que se levantan de un sueño. Son formas invasoras o será que recuperan su lugar geológico.

Porque el mundo cambia rápido. Estalla. Como casi estalla la galería con una obra que parece estar en expansión.

 


Mientras, por todos lados, estamos rompiendo las fuerzas naturales que unen al paisaje. Lo estamos desarmando.

Puede el arte sostener algo real?

Esta masa pictórica que avanza hacia nosotros habla del proceso, del gesto del pintor que crea la fantasía de transformar un papel en un rasgo de una montaña. para hablar de las derivas de la pintura, de una visión, una experiencia.


Anish Kapoor en una entrevista afirma: "Para mí la ilusión es verdaderamente más rica en ideas que la realidad, el arte se trata de muchas cosas que no están ante nuestros ojos".

Esta declaración se relaciona con la convicción del artista de que la obra se enriquece con la no coincidencia entre lo que es físicamente y lo que parece ser.



Tal como sucede frente a Geología fantástica, la vista se sumerge entre pliegues, las arrugas, y aunque seamos incapaces de reencontrar ese espacio, roca o gruta que de algún modo se invoca en nuestra memoria, allí, recién allí ante lo que parece un fracaso, ahí empieza nuestra visión de la pintura por sí sola, liberada.

La ilusión en su plenitud más allá de la manifestación material puesta en escena.



Texto Marcela Galuppo

registro fotográfico Carlos Stia

Comentario sobre la muestra Geología fantástica de Matías Najar, en la Galería Estudio Galassi, Rosario, curadoría y texto de la muestra Roberto Echen.



Mariana de Matteis, Arteba/ set.2023

 


El vaivén de la arena

 "Pero en la tempestad no hay posesión. Entonces pactas
                             con los trémulos fantasmas del otoño
                                    junto al cadáver azul de rocinante,
                                        en la ciudad de alcohol y piedra
                                   donde nadie ha resucitado todavía".
                                                                      de Aldo Oliva

No puedo pasar sin detenerme a recordar a los objetos que veo en la mesa, imágenes de pinturas, de historias pasadas, las vidrieras del almacén con la calavera y el librito de poesías de golondrinas. 


Cosas vistas en memento mori o naturalezas muertas o ambos, en banquetes o sus restos. Y la arena. El lugar donde lo que queda se acumula, como un último puerto.

Es mi mirada una puerta que se abre o se cierra, buscando saber si los objetos de mis recuerdos están ahí bajo la arena, o son contornos. Puedo elegir en la encrucijada? Mientras oscilo en este vaivén, mis ojos se deslizan por la arena y se raspan, un poco en la superficie.

Otra pregunta, Por qué ese límite, esa distancia con las cosas?

Las uvas se ven rozagantes aún bañadas de arena, pero no podemos tomar nada, como dice Oliva "nadie ha resucitado todavía".

Empiezo a ver el vaivén del tiempo en la obra. la forma que se ofrece firme como una piedra, eterna y a la vez, puede desaparecer con la marea, o quizás el viento. Y hoy hubo mucho viento.

Tengo que olvidar algunas cosas para descubrir este extraño banquete.

"Las que vivo cada día. Las que
he pisoteado para seguir vivo.
Pero durante un minuto o dos me olvidé
de mí mismo y de todo lo demás. Sé que lo hice".
del poema Esta mañana de Raymond Carver.



Servidos en la mesa, peras, uvas, vela, jarro, plato, caracolas, todos camuflados, son como pájaros, que se posan un instante, y sin más ya no están, nos marcan el paso del tiempo, allí donde no hay nada hacen el tiempo y su eco en nosotros.

Texto Marcela Galuppo

Comentario sobre la instalación de mariana de matteis en Arteba 2023
Diego Obligado Galería


2/2/24

Manuel Brandazza, Arteba , set/2023

Niño de río de Manuel Brandazza

Arteba, set/ 2023. Pasto Galería



Con él llegará la lluvia

                          Esa misma luz los envuelve a todos,
                   como si irradiara de los cueros, las escamas
                          chamuscadas,..., adentro de este verano
                          más inmenso que ellos
                                     de No es un río de Selva Ahumada

El niño de río de Manuel Brandazza, un dibujo, esgrafiado sobre barro, está parado sobre las brasas, las cenizas y los restos de incendios en las islas que nunca se aplacan, mientras que el Niño pescador, ícono y referente, escultura de Lucio Fontana, tiene los pies en el agua de una fuente en una plaza de Concordia desde 1949.
Y no es un pez lo que atrapa como en la obra de Fontana, sino una gran yarará de corazones marrones y movimiento sinuoso que bien podría ser el sostén del niño si este fuera una escultura como el primero.
Niño y yarará los une la tensión, el eje curvo de la serpiente encontrándose con el del joven, que también se mueve , adelantando sus rodillas, el torso hacia atrás, brazos hacia adelante, tomando a la víbora debajo de su cabeza.
Atravesado por el río, el Niño del 2023, en su piel lo tiene todo. Poros como escamas o estrellas. Constelaciones. Redes que florecen, luego vuelan como mariposas, y al romperse sueltan espinazos de peces que caen como semillas. Y de allí surgen plantas entrelazadas.
La sirena y su embriagador canto, que compite con el vino y los hechizos. Todos los sexos tienen mucha sed y portan collares de perlas que intercambian como souvenirs de lunas, ataviados para desfilar sobre la arena y ser vistos desde lejos.
También tiene arañas, insectos, bichos que nunca descansan y hasta el acecho de animales escondidos en la noche.
Lo envuelve un aire espeso, caluroso, por donde viajan peces que llevan agua y nuevos ríos en su vientres.
El niño es un arca que tiene todo para regerminar la variedad de la vida en la isla y más allá de ella.
La tierra lo necesita para germinar bajo sus pies descalzos, él es un refugio de ese fuego que no cesa. Es el sol que apaga su explosión de atardecer en el río. Es un respiro de su boca entreabierta. Es la noche que por fin llega para reparar lo que el día ha roto.
El ritual comienza con las manos del artista acariciando el barro. Ahora el niño está brotando vida, parado en la muerte y yo, en silencio, me quedo frente a él como rezando para que del dibujo siga saliendo un nuevo mundo.
Con él llegará la lluvia.
Texto Marcela Galuppo

Carolina Antich en Arteba / set. 2023

 

Escultura de Carolina Antich, presentada en Arteba/ set.2023,

María Casado Home Gallery



El tiempo cae en una pausa, se lo experimenta de manera distinta, como si todos nosotros en este mundo, existiéramos a la vez en distintos tiempos y lugares.
Una gran piedra emana luz celeste y sentado frente a ella, un joven ( que me recordó a un escriba egipcio), se queda mirándola fijo, y yo mirando a los dos.
La base, el cuadrado blanco, es la pista que nombra Gilles Deleuze, ante las estrategias de Francis Bacon para aislar las figuras, es el límite de la puesta en escena y a la vez el lugar desde donde acontece un desborde de energía.
Ese cristal luminoso, en gran escala en relación al hombre, es en realidad vidrio de Murano, que formándose a través de un intenso fuego, logra conservar y emanar el poder de la naturaleza.
En el silencio de la contemplación, fascinados por la luz, como el primer ser humano ante el primer fuego, el joven y la espectadora comienzan a estar en un paisaje interior.
Tal cual atávicamente lo hicimos, la contemplación de la naturaleza es hoy, una urgencia ecológica.
Contemplar, luego de ver, mirar, detenernos, es el inicio de una relación simbiótica, entre el joven y la naturaleza, entre quien mira y el arte.
Y esta luz que sopla como un viento se confunde con mi espíritu.
El vidrio que parece una piedra de agua,
es el silencio entre las olas del mar,
es la frecuencia de mis pensamientos,
es la lenta respiración del que medita,
y la quietud de quien se asimila al mundo.

Texto y fotografía Marcela Galuppo

Alberto Passolini en Arteba/2023, Galería Constitución

 

"El músculo de todo (Batalla de lapitas y centauros, por William A Bourguereau,1859)",

acrílico de Alberto Passolini, 2023

Galeria Constitución, arteba, setiembre/ 2023





"Bajo la palabra drapeado entendemos todo lo que el arte enseña sobre el vestir la desnudez y la disposición de los vestidos. Después de la bella naturaleza y el noble contorno, esta ciencia atestigua, en tercer lugar, la superioridad de las obras de la antigüedad."

                                 de Johann Joachim Winckelmann et l'Antiquité grecque

 

En esta nueva batalla hay un desplazamiento de la materia pictórica hacia la generación de nuevos cuerpos en la escena.

El artista más allá de develar el dispositivo de la pintura, le brinda la oportunidad de participar en la historia, entonces sus mantos de color, o mejor dicho sus colores se elevan, pliegan y despliegan una fuerza a la par de los cuerpos de hombres, mujeres y centauros.

La mujer es el eje donde empieza a rebelarse la pintura, sus mantos comienzan la evolución y una independencia de las figuras clásicas, a nuevas imágenes narrativas. Por momentos, son formas hibridas (así como los centauros), donde se mueve el manto más allá del cuerpo, para luego separarse.

Mientras hombres y centauros son los ejes de la eterna lucha, la cultura de la guerra. Cuenta la leyenda, que la celebración de una boda acabó en un trágico enfrentamiento entre los invitados por un exceso de pasiones y alcohol. Este mito de enfrentamiento entre lapitas y centauros fue la metáfora perfecta para los griegos a la hora de representar el triunfo de la civilización sobre la barbarie.

Aquí, hoy triunfa la pintura.

 

Texto y fotografías Marcela Galuppo

 

Citado Johann Joachim Winckelmann et l'Antiquité grecque del libro Les plus beaux textes de l'histoire de l'art.

 

30/8/23

Nicolás Biolatto en la Microferia de Arte de Rosario, junio/2023

 Un aura de eucalipto y rosas


                 “Manifestaciones de la naturaleza, mutables en el tiempo

                  que cambian y desaparecen según la sucesión de fenómenos”

                  del Manifiesto Blanco de Lucio Fontana y sus alumnos de Altamira




Dos piezas centrales de formas de color oscuro, se relacionan con una puerta del Duomo de Milán, la puerta descartada de Lucio Fontana y con las plazas de  Rosario.

Un tumulto sin tiempo donde héroes y mitos parecen caer vencidos y a la vez son rescatados.

Cada parte fuera del monumento, está rota, por una fisura que tiempo gotea. Agua de fuente y río las atrapan dentro de un lodo hecho de jabón. Ahí están, una borla de una fuente, el brazo con corno de un Tritón (ambos fragmentos se presentan también como obra independiente), la nariz de Belgrano, proveniente de la restauración de los bustos en la ciudad, alguna parte de un friso de la plaza Buratovich, todo en un collage entre figuración y abstracción.



Un pasado que emerge con texturas ásperas, en contraste con un aura que resplandece en el aroma a eucalipto de la pieza negra con marco dorado y a rosas en la pieza color arcilla.


Se expande el perfume así como las historias. Desde el interior, tomando la energía de la materia, dónde están guardadas hojas de eucalipto, y eso es un misterio develado. Hasta las visiones que las fuentes tuvieron en las plazas.

Debajo de estas obras hay dos vasijas grandes, también en jabón, pero realizadas con la técnica de la arcilla, parecen respirar en su superficie, que se va manchando según la humedad que las rodea.

Entre los restos y lo nuevo, parece que todo tiene necesidad de ser y desarrollarse.



Texto y fotografías de Marcela Galuppo